"Coge la lupa" es un estudio de Alfredo Marhuenda sobre el tratamiento que reciben las noticias del Sur en los Medios de Comunicación....

En la película Buenas noches y buena suerte, el periodista J. Murrow, que logró la destitución del senador McCarthy cuando la persecución inquisitorial de "comunistas" en los años cincuenta, recibe un cierto desplante del director de la televisión en que trabajaba: "el público no quiere protestas, lo que quiere el público es diversión y entretenimiento"…

El cantante Bono, en su prólogo al libro del economista J. Sachs (El fin de la pobreza) lamenta que ningún telediario dé la noticia de que "hoy han muerto innecesariamente 15.000 personas de sida, tuberculosis o malaria", y 50.000 más de hambre evitable. En contraste con eso, se da enorme relieve a unas pocas muertes por accidente, atentados o violencia de género. Que se merecen ese relieve, pero no merecen el agravio comparativo con las otras muertes.

En uno de los Papeles de nuestro Centro (Cristianisme i Justìcia) dedicado a la publicidad, comentábamos, no hace mucho, como los antiguos noticiarios de la mañana de Iñaki Gabilondo iban introducidos por un resumen de noticias presentadas desde una óptica de solidaridad y justicia pero, inmediatamente a continuación, seguía una avalancha de anuncios que rezumaban valores egoístas contrarios a los sugeridos por las palabras de Gabilondo (y seguramente más eficaces que aquellas).

Tampoco conocemos ninguna cadena mediática que, al acabar un año, nos informe de alguna meta social conseguida o extendida por sus informativos y sus editoriales. Todos los balances giran en torno a un "aumento de beneficios del grupo PRISA", o un crecimiento en el número de oyentes que "nos sitúa en primer (o segundo) lugar" por delante de éste o aquél otro medio.

¿Es verdad que los espectadores u oyentes sólo desean entretenimiento y diversión? Dada la condición superalienada del trabajo y el endeudamiento en nuestros días, no les faltan razones para ello. Pero podríamos formular de otro modo la afirmación que le hacía al periodista Murrow el director de su cadena: "los espectadores sólo desean egoísmo e insolidaridad". ¿Seguro?

Los medios de comunicación tienen sin duda una enorme responsabilidad en la lucha por la solidaridad y la justicia, que debería llegar mucho más allá de esas estúpidas solidaridades "de plástico" que se practican comprando tal o cual producto. Antaño se decía que noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda a un perro. De este modo, las grandes tragedias cotidianas dejan de ser noticia sólo por el hecho de ser cotidianas. A aquel viejo principio se le añade hoy otro: con el enorme poder de los medios, se dice que "sólo existe verdaderamente lo que aparece en ellos". Se crea así un mundo virtual donde las injusticias sangrantes, el terrorismo del hambre, la miseria y el inmenso dolor de casi la mitad de la población del planeta, todo eso que es lo cotidiano y repetido por duro que sea, ya no tienen existencia. La verdadera realidad de nuestro mundo está constituida por las cirugías estéticas, las pasarelas de moda, las cremas embellecedoras o los productos para aumentar la potencia sexual… y alguna que otra muerte o tragedia accidental, que disuena en ese mundo feliz.

Sin duda el dinero es muy necesario. Pero hace ya siglos que Otro comunicador incómodo proclamó: "no podéis servir a Dios y al Dinero". Una enseñanza que los medios de comunicación deberían hoy leer así: no podéis servir a la verdad y al dinero; no podéis servir a la solidaridad y al dinero; no podéis servir a la humanidad y al dinero.

No será cómodo. Pero de nosotros depende.

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