La Ley de la Deuda debería suponer un cambio real en la vida de millones de personas.
Después de un año de trámite parlamentario, el Congreso de los Diputados ha aprobado la Ley de la Deuda Externa. Es un paso importante, con avances positivos y significativos, pero se queda corta en algunos aspectos clave.
Gracias a la presión de la sociedad civil se ha conseguido introducir en el texto cambios relevantes: la Ley avanza en transparencia informativa, se compromete a regular los créditos FAD -financiación para los países pobres condicionada a la contratación de bienes y servicios de empresas españolas- y desvincula las conversiones de deuda de la compra de bienes y servicios españoles.
Sin embargo, aún resulta insuficiente. La Ley continúa computando la condonación de deuda como Ayuda Oficial al Desarrollo, no establece estrategias para revisar los mecanismos comerciales que hoy en día continúan generando deuda y no recoge un compromiso firme de cancelación de la deuda de los países empobrecidos y endeudados.
Por este motivo, seguiremos trabajando para que en el trámite legislativo pendiente (Senado y vuelta al Congreso) se introduzcan modificaciones que garanticen que la lucha contra la pobreza sea el criterio prioritario en la gestión de la deuda externa para los países en desarrollo.

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