El coste de las guerras en África supera el importe de toda la ayuda al desarrollo recibida por el continente
El nuevo informe “Los millones perdidos de África”, revela que el 95 % de los fusiles kalashnikov usados en los conflictos africanos proceden de fuera del continente
El estudio Los millones perdidos de África calcula por primera vez los efectos globales de los conflictos africanos sobre el Producto Interior Bruto (PIB) del continente, y se presenta mientras diplomáticos de todo el mundo se reúnen estos días en la sede de Naciones Unidas en Nueva York para debatir un Tratado sobre Comercio de Armas.
El documento muestra que los países africanos afectados por conflictos, guerras civiles o insurgencia han visto reducida su economía en una media de un 15 por ciento anual. El continente pierde unos 18.000 millones de dólares al año como resultado de los conflictos armados. Los países africanos que los sufren tienen de media un 50 por ciento más de mortalidad infantil, un 15 por ciento más de personas desnutridas, y una esperanza de vida cinco años más baja que los países en paz.
“La violencia armada es una de las grandes amenazas para el desarrollo de África”, explica Consuelo López-Zuriaga, portavoz de Intermón Oxfam. “El coste es escandaloso. Nuestros datos son, casi con total certeza, una estimación mínima y, aún así, con los 18.000 millones de dólares al año que calculamos que pierden las economías africanas por causa de los conflictos podría resolverse la crisis del SIDA, prevenir la malaria y la tuberculosis, o proporcionar agua potable, sistemas de saneamiento y educación a la población”.
La investigación estima además, que el 95 por ciento de los fusiles kalashnikov usados en estos conflictos provienen de países no africanos. Los kalashnikov son el arma más común en los conflictos africanos. Los combatientes que ignoran las normas de la guerra y cometen abusos de los derechos humanos reciben casi siempre sus suministros de fuera del continente.
Eugeni Barquero, coordinador de campañas de Fundació per la Pau: “El informe apunta que, pese a la dificultad para establecer el origen de la munición que se utiliza en África, se puede afirmar que España es la principal suministradora de munición del África Subsahariana. Necesitamos que haya reglas claras sobre el comercio de armas que garanticen que esas municiones no llegan a países que sufren graves conflictos.”
Joseph Dube, coordinador de IANSA para África explica: “Como africano, pido a todos los gobiernos de este continente y a los gobiernos productores de armas del mundo que apoyen un Tratado sobre el Comercio de Armas fuerte y efectivo. Este es un llamamiento a la cooperación global, porque la tarea no puede lograrse actuando solos. El gobierno cuyas fábricas producen los fusiles es tan responsable como el gobierno que permite a sus barcos que los transporten. También los estados que reciben los cargamentos deben controlar en qué manos acaban las armas”.
Entre 1990 y 2005, 23 naciones africanas se han visto afectadas por conflictos. Oxfam Internacional, IANSA y Saferworld han calculado cuál habría sido el PIB de estos países si no los hubieran sufrido comparándolos con países con un nivel económico similar pero que han vivido en paz. Por ejemplo, durante el conflicto en Guinea-Bissau de 1998-99, la tasa de crecimiento proyectada sin conflicto habría sido del 5,24 por ciento, mientras la tasa real fue negativa, de menos 10,15 por ciento.
Casi con toda seguridad la metodología de análisis utilizada ha subestimado la realidad. No incluye el impacto económico en los países vecinos, que pueden sufrir la inseguridad política y un flujo repentino de refugiados. Además, el estudio sólo cubre los periodos de combate, pero muchos de los costes de la guerra, como el incremento del gasto militar y las dificultades económicas, continúan mucho tiempo después de que la lucha haya terminado.
En países afectados por la guerra, los costes directos de la violencia, como el gasto militar o la destrucción de infraestructuras, palidecen en comparación con los costes indirectos medidos en pérdidas de oportunidades. Éstos incluyen:
- Inflación, deuda y alto desempleo.
- El desvío a particulares de los ingresos por la explotación de recursos naturales, en lugar de ser invertidos en el conjunto de la nación.
- Más gente, especialmente mujeres y niños, mueren por las consecuencias del conflicto que por la lucha en sí misma.
El arma más utilizada en los conflictos africanos es el fusil de asalto kalashnikov, cuyo modelo más conocido es el AK-47. Casi todos estos fusiles se fabrican fuera de África. Los gobiernos del continente están convencidos de la necesidad de controlar las transferencias de armas y ya han adoptado iniciativas esperanzadoras a nivel regional. Son pasos importantes pero no pueden resolver el problema por sí mismas. El comercio de armas es una industria global y necesita un Tratado sobre Comercio de Armas global y legalmente vinculante.
Oxfam Internacional, IANSA y otras ONG defienden un Tratado sobre Comercio de Armas que prohíba las transferencias de armas cuando exista la posibilidad de que sean utilizadas para cometer graves violaciones de los derechos humanos o del derecho internacional humanitario, o cuando perjudiquen el desarrollo sostenible. Un tratado así no impediría las transferencias de armas responsables que se utilicen para la defensa, las labores policiales o el mantenimiento de la paz.
