Las mujeres tienen el derecho a vivir la maternidad como una experiencia elegida, gozosa, compartida, segura para su vida y la de sus hijos.

El Objetivo del Milenio que persigue mejorar la salud materna establece la meta de reducir, en tres cuartas partes, la tasa de mortalidad materna, para el año 2015. La Declaración Universal de los Derechos Humanos dice, en el artículo 25 que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar,(…); y que “la maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales”.

Las muertes, lesiones y discapacidades relacionadas con el embarazo son los problemas más desatendidos del mundo. Casi se considera un asunto que concierne únicamente a las mujeres que, tradicionalmente, ha preocupado poco a hombres y gobiernos y en el que se han invertido escasos recursos.

Sin embargo, las mujeres se ocupan, en general, cuidar la salud de los miembros de la familia, especialmente de los que no se valen por sí mismos (niños, enfermos, los afectados por alguna discapacidad, ancianos) y del cuidado del hogar. Todo esto es especialmente cierto en los países del Sur. Por ello, la salud materna es un factor esencial en todos los objetivos de reducción de la pobreza y promoción del desarrollo.

Salud materna.
¿De qué hablamos?

Aclarar el concepto de salud no es una cuestión pequeña. Hoy, hablamos de salud como la manera de vivir de cada persona; como una experiencia individual y social de bienestar físico, mental y social y de capacidad de actuación en el contexto en que se vive.

Si hablamos de “salud materna”, nos referimos a la salud de la mujer en un ámbito concreto de su manera de vivir, realizarse y formar parte de una familia en una sociedad concreta. Mejorar la salud materna es promover la capacidad y la autonomía de la mujer para que su condición de madre no haga peligrar su propia vida. De este modo, la maternidad saludable es esperanza para las mujeres, para sus hijos, sus familias y para la misma sociedad a la que pertenecen.

La mortalidad derivada de la maternidad?

En algunos países en desarrollo, las normas sociales restringen el contacto directo de la mujer con hombres ajenos a la familia, como por ejemplo los médicos; muchas no pueden tomar la decisión ni siquiera sobre el tipo de atención que ellas mismas deben recibir durante el embarazo, porque muchos maridos toman solos las decisiones sobre la salud de sus mujeres. En estas condiciones, cobra más gravedad la mortalidad materna.

Más de medio millón de mujeres, aproximadamente una mujer por minuto, mueren al año como resultado de las complicaciones durante el embarazo o el parto; y el 99% de todas las muertes por causas derivadas de la maternidad se producen en los países en desarrollo, más del 90% de ellos en África y Asia. Se estima que una de cada 16 mujeres de África Subsahariana morirá como consecuencia del embarazo o el parto, mientras que en los países industrializados el porcentaje es sólo de una por cada 4.000.

El Informe sobre la salud en el mundo (OMS 2006)estima que el déficit de médicos, enfermeras, parteras (auxiliares y habilitadas)y demás trabajadores sanitarios sobrepasa los cuatro millones de profesionales. Hay 57 países que no alcanzan el 80% de la asistencia de profesionales en el parto: en Asia Sudoriental, con Bangladesh, la India e Indonesia a la cabeza; pero el mayor déficit corresponde a África Subsahariana con 36 países afectados.

Esta situación contrasta con otro dato preocupante: el 23% (casi la cuarta parte)de los médicos formados en el África Subsahariana están contratados y trabajando en países de la OCDE; en el caso de las enfermeras y asistentes de parto, la proporción de los que trabajan fuera es del cinco por ciento.

¿Cuáles son las causas de tantas
maternidades truncadas?

Las principales causas directas de la mortalidad materna son:

  • las hemorragias (25%),

  • las infecciones (15%);
  • los abortos (13%);
  • la hipertensión (12%);
  • la obstrucción (8%);
  • otras causas, como las anemias (27%).

Los grandes determinantes de las complicaciones en el embarazo y en el parto, y de esta alta mortalidad son los retrasos en la atención sanitaria general y en los servicios de obstetricia apropiados y puntuales, debido a tres tardanzas:

  • La tardanza en solicitar la atención sanitaria, que está potenciada por el analfabetismo, la baja escolarización, la falta de información adecuada, la subordinación de la mujer y los factores culturales.

  • La tardanza que tiene que ver con que más del 80% de los partos se producen en zonas rurales o en los extrarradios desfavorecidos de las ciudades, carentes de servicios obstétricos de urgencias, a lo que se une su coste y la falta de transporte.

  • Por último, la demora en los servicios apropiados una vez que las mujeres llegan a los centros o intentan parir en sus casas, que tiene que ver con la falta de personal especializado, la falta de medicinas y de tecnología necesarias.

Hay otras causas derivadas de las condiciones de vida. Las familias pobres suelen ser remisas a la hora de mandar a sus hijas a la escuela. En sociedades donde el destino asignado a las mujeres es casarse y procrear, enviar a sus hijas a la escuela es visto por los padres como un “desperdicio de tiempo y dinero”,ya que es común pensar que los supuestos beneficios de la educación repercutirán en la familia del marido. Por el contrario, abordada desde una perspectiva de salud, la educación de las niñas genera una serie de beneficios personales y sociales: las madres educadas mejoran el capital humano de su hogar y mejoran su propia salud.

La educación debe, no obstante, completarse con la transformación de la realidad social, para que permita a las mujeres acceder a unas condiciones maternas más seguras, previniendo la maternidad prematura a través del matrimonio infantil, aquél en que uno o ambos contrayentes son menores de 18 años. Los padres suelen permitir el matrimonio precoz de sus hijas debido a necesidades económicas, o porque creen que las protege del acoso sexual y del embarazo fuera del matrimonio, aumenta sus años fértiles o les asegura la sumisión a sus maridos en el hogar.

Se estima que alrededor de 14 millones de adolescentes, entre 15 y 19 años, dan a luz todos los años, y más de uno de cada cuatro nacimientos en que la madre es adolescente (de 15 a 19 años) se produce en los países menos adelantados. Las niñas menores de 15 años tienen cinco veces más probabilidades de morir durante el embarazo que las mujeres mayores de 20 años, y las complicaciones causadas por el parto son la primera causa de muerte en las mujeres de 15 a 19 años.

El abuso sexual, la trata y la explotación suelen ser otra causa de mortalidad materna anunciada. Cuanto más jóvenes son las chicas en su primera relación sexual, más probabilidades hay de que hayan sido forzadas a ella. Según un estudio de la Organización Mundial de la Salud,150 millones de niñas menores de 18 años sufrieron, en 2002,relaciones sexuales forzosas u otras formas de violencia física y sexual.

Se calcula que 1,8 millones de niños y niñas están atrapados por el comercio sexual, bien porque sus paupérrimas familias los venden como esclavos, bien porque se les rapta para ser sometidos a la trata en burdeles, u otro tipo de explotación. Esta situación degradante conlleva el riesgo de embarazo y de infecciones de transmisión sexual, incluida la del VIH.

Es muy importante para su seguridad que los adolescentes y los jóvenes estén informados de la salud sexual y reproductiva y reciban la formación adecuada. Si se efectuaran mayores inversiones en la educación, la salud y las oportunidades de empleo de los jóvenes, especialmente de las niñas, podrían tener mayores oportunidades para tomar decisiones sobre el momento de contraer matrimonio y de crear una familia.

Otro flagelo de la maternidad es la infección por VIH/SIDA en el embarazo. Las mujeres tienen cinco veces más probabilidades de padecer enfermedades de transmisión sexual que los hombres. Estas enfermedades ocupan el segundo puesto en la morbilidad general de las mujeres entre 15 y 44 años. Además, pueden añadir complicaciones específicas en los embarazos, que causan entre el uno y el cinco por ciento de las muertes de la madre durante el parto y hasta un 35 por ciento en el posparto.

El aumento de la infección entre las mujeres eleva el riesgo de infección de los bebés durante el embarazo, el parto o la lactancia. Centenares de miles de mujeres infectadas por el sida evitan los servicios de detección y tratamiento, pues temen ser abandonadas, repudiadas o maltratadas si se descubre su situación. Esto aumenta el peligro de transmisión a sus hijos.

Los jóvenes varones deben aprender a respetar a las mujeres y a comprender sus responsabilidades en la lucha contra la epidemia. En ausencia de vacunas o tratamientos curativos, el papel del hombre es fundamental para prevenir la propagación.

La falta de acceso a servicios básicos como el agua y a los saneamientos ocupa un lugar destacado entre las causas que concurren a la mortalidad materna. El agua es un recurso decisivo para el desarrollo humano. Actualmente, más de 1.000 millones de personas carecen de acceso al agua potable y 2.400 millones no disponen de servicios básicos de saneamientos. El suministro de agua y saneamiento reduce la incidencia de enfermedades y afecciones como la anemia, la carencia de vitaminas y el tracoma, que debilitan la salud de las madres y son en parte responsables de la mortalidad materna.

El acceso al agua y a saneamiento básico es un derecho humano; debe considerarse como una condición imprescindible del derecho fundamental a la vida y como un elemento clave de las estrategias para mejorar la salud materna.

La Campaña XLIX: el derecho a una maternidad saludable

Manos Unidas se preocupa por las causas de las maternidades truncadas y trabaja por una maternidad saludable, basada en la afirmación de la dignidad fundamental de la vida de la mujer, en el reconocimiento del derecho a la protección de su salud y de las condiciones básicas para vivir como mujer y madre.

Las mujeres embarazadas deberían ver respetado su derecho a dar a luz a un hijo en condiciones seguras y limpias, de modo que éste viva, crezca, se desarrolle y goce de buena salud. La salud y la supervivencia de un recién nacido están estrechamente ligadas a la salud y a la capacidad de cuidado de la madre. Las madres son las guardianas del futuro de la sociedad, en la medida en que de ellas dependen los niños sanos de hoy.

Trabajar por una maternidad elegida, aceptada y vivida, sana y sin riesgos, implica, ante todo, luchar contra los entornos sociales, culturales, políticos y económicos, de pobreza y desigualdad, que afectan negativamente a la autonomía, libertad y autoestima de la propia mujer. Desde Manos Unidas, a través de los proyectos de desarrollo ,intentamos crear unas condiciones aceptables de vida de las madres, para que vivan una maternidad segura y puedan desenvolverse en el día a día sin molestias e impedimentos.

Una maternidad saludable se promueve empleando métodos que permitan a la madre ser lo que es, fuente de vida, fecundidad, donación y gratuidad, y no dañen su salud psíquica, física y espiritual. La maternidad saludable es incompatible con medios encaminados a eliminar la vida humana en el vientre materno. El aborto es siempre un drama personal que conlleva efectos físicos y psíquicos que dañan la salud de la mujer; es un drama familiar y social que empobrece la fecundidad social de la familia y deteriora la salud social de la mujer.

En Manos Unidas creemos que la vida ha de ser siempre salvaguardada con el máximo cuidado y promovemos las condiciones que defiendan la vida de la madre y del hijo.

La educación sanitaria y sexual de las mujeres y las adolescentes, así como la de los hombres y los adolescentes, es imprescindible para vivir la maternidad y la paternidad, en la familia y en la sociedad, no como una carga inevitable de la mujer, sino como una gozosa experiencia compartida, que se vive de forma inherente a la familia.

En Manos Unidas trabajamos con la convicción adquirida, a través de la constante escucha y cooperación con nuestros interlocutores del Sur, de que la mejor promoción de una maternidad saludable se hace a través de la formación de la mujer, de la capacitación de personal cualificado y de la creación de condiciones familiares y sociales adecuadas para el desarrollo de una vida digna. En la medida en que erradicamos la pobreza y el hambre, educamos, logramos el acceso a servicios seguros de salud y al agua potable, creamos mejores condiciones de bienestar y calidad de vida. Si todas las niñas y mujeres alcanzan un nivel básico de educación, que las capacite para vivir con libertad y autonomía, estarán en mejores condiciones para cuidar su salud y la salud de los demás, y verse libres de enfermedades evitables.

Manos Unidas