Se trata de un agente que, a menudo, pasa desapercibido a la hora de ser tomado en cuenta como factor favorable y que, sin embargo, con su presencia activa sobre el terreno y su contacto habitual con la sede de la organización contribuye a mejorar la relación entre los actores del desarrollo.

La persona expatriada se convierte, de alguna manera, en una extensión de los sentidos del equipo que trabaja en la oficina central. Pasa a ser una persona que, lejos de distorsionar, ajusta los mensajes y permite una mejor comprensión por ambas partes, razón por la cual pensamos que favorece el que la cooperación se lleve a cabo con mayor calidad y eficacia.

Por eso es muy importante que el perfil del expatriado se corresponda con el de una persona observadora, paciente, sensible y comunicativa, capaz de adaptarse a las circunstancias y guiada por un afán constante de ayudar. Por otro lado, es fundamental que el equipo que permanece en la sede esté en continuo contacto con su personal expatriado, atento a la "descodificación" de las necesidades que puedan presentar en terreno los más desfavorecidos.

Alistair Davies es uno de los cuatro expatriados que tiene Entreculturas en la actualidad. Desde hace casi tres meses apoya la labor que el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) -socio local de Entreculturas- está realizando junto a los refugiados en Sur Sudán.

Aquí puedes leer algunos fragmentos de su "diario de abordo".