Falta de paz: RD Congo
El sentido de nuestro trabajo JRS (Servicio Jesuita a Refugiados) lo descubrí o -mejor dicho- ‘me alcanzó' como si fuera un cañonazo. Me sobrecogió encontrar en un graffiti de una pared de plástico de una escuela (EP Gahinga). Un hombre disparando indiscriminadamente y matando a otro indefenso.

La mirada de un niño a lo lejos. Ésta es la realidad que se vive fuera de la escuela, la que experimentó el niño que hizo ese dibujo con un trozo de carbón.
En un rincón privilegiado de nuestro mundo, se encuentra Rutshuru, en el Nord Kivu, al Este de la RD Congo. Un lugar sacudido y pisoteado por diversos grupos armados. Escenario de una guerra silenciada que ha producido más de 200.000 desplazados en los últimos 6 meses que se suman al casi un millón de los últimos 6 años.
Llegué en agosto del 2008 en un momento en que el proceso de paz (AMANI), balbuciente, parecía abrir paso a un retorno próximo a Rutshuru de 70.000 personas desplazadas. En espera de que esa paz se consolidara, JRS quería apoyar a estas familias desplazados ofreciendo a sus hijos la posibilidad de asistir a la escuela y no perder un curso escolar. ¡16 escuelas, muchas de ellas sin locales siquiera, para escolarizar a casi 20.000 niños!
Con el comienzo del curso escolar llegaron también los combates y se reanudaron las hostilidades a principios de septiembre. Las dificultades y la inseguridad en la zona se multiplicaban primero cada semana y después cada día. Pero, al mismo tiempo, el proyecto se iba haciendo realidad ‘pole pole' (lentamente) y casi 3.000 niños desplazados compartían aula con otros más de 5.000 del lugar.
El 26 de octubre los combates se recrudecieron y llegaron a Rutshuru y alrededores. Con el ejército rebelde ocupando la zona los campos de desplazados fueron desmantelados bajo amenaza. La actividad escolar (como casi todas las demás) quedó paralizada. Más inhumano que la falta de techo y de hogar es la falta de paz y de seguridad. Tras varias semanas pudimos nuevamente apoyar a las escuelas que reabrían sus puertas. Los alumnos tardaron en incorporarse. Muchos de ellos no han vuelto.
El JRS sigue trabajando. Es necesario y urgente que los niños puedan entrar y continuar en la escuela. Un espacio ‘sagrado' en el que se aprende no sólo matemáticas o geografía. Para estos niños la escuela es un ‘espacio de protección' frente a la indefensión que se experimenta en la calle; un ‘centro de salud' en el que aprenden hábitos de higiene y se ofrece un suplemento nutricional, se arropa al niño, se atienden sus necesidades y sentimientos; y un ‘taller de humanidad' en el que se reparan las actitudes violentas crónicas y se aprende a convivir en paz con los demás.
Juanjo Aguado, sj