La Coctelera

Cuatrodecididos

más valen cuatro decididos que cuarenta remisos

28 Septiembre 2009

Más de 4 millones de niños podrían morir si los países ricos desvían los compromisos de ayuda

Intermón Oxfam denuncia que el Gobierno español aún no se ha posicionado sobre los fondos para la adaptación al cambio climático   

4 millones y medio de niños podrían morir si los líderes mundiales no destinan fondos adicionales para que los países pobres luchen contra el cambio climático, en vez de desviar el dinero de promesas de ayuda oficial al desarrollo ya existentes. Esta es una de las conclusiones del informe Más allá de la ayuda que Oxfam Internacional, Intermón Oxfam en España, ha hecho público.

La alerta llega cuando los líderes mundiales están preparándose para asistir a la Cumbre sobre Cambio Climático que se celebrará el 22 de septiembre en la sede de Naciones Unidas en Nueva York. A la cita seguirá la reunión del G-20 el 24 de septiembre, donde la financiación del cambio climático será prioritaria en la agenda. Intermón Oxfam teme que las negociaciones sobre cambio climático el próximo mes de diciembre en Copenhague fracasen, a no ser que los Jefes de Estado tomen medidas. De momento sin embargo sólo Dinamarca, Holanda y Gran Bretaña se han mostrado favorables a destinar fondos adicionales.

Intermón Oxfam denuncia que el Gobierno español, que participará en estas citas internacionales, que acogerá en noviembre en Barcelona la última sesión de negociaciones previa a la Cumbre de Copenhague y que en pocos meses asumirá la Presidencia de la UE aún no ha manifestado su posición. El compromiso contra la pobreza y el cambio climático que reiteradamente ha colocado como prioridades de la agenda española el presidente del Gobierno se enfrentan ahora, en opinión de Intermón Oxfam, a una prueba crucial. Según Ariane Arpa, directora general de Intermón Oxfam, "Si Zapatero quiere cumplir sus compromisos con los países pobres, debe seguir la iniciativa de Holanda, Dinamarca y Gran Bretaña y apoyar fondos adicionales para la lucha contra el cambio climático."

Los ODM, en peligro

El cambio climático es una grave amenaza para las personas pobres. Las crisis climáticas y las medidas a corto plazo que los países pobres adoptan pueden producir impactos a largo plazo, que potencialmente afecten de generación en generación. Sin el apoyo adecuado para adaptarse al clima cambiante, el efecto es una espiral en descenso hacia mayor pobreza y vulnerabilidad. Sin el fondo adicional para la adaptación, Intermón Oxfam prevé que las personas en los países pobres no tengan comida, deban sacar a sus hijos de la escuela o malvendan sus animales y otros activos críticos para sus medios de vida, para así poder pagar la deuda que han contraído por culpa de las cosechas perdidas y por otras crisis climáticas.

Sin embargo, el cambio climático no es la única amenaza. "Más allá de la ayuda" alerta de que si los países ricos no comprometen nuevos fondos para la adaptación al cambio climático de los más pobres y reducen la ayuda al desarrollo para hacer frente a su responsabilidad ante el cambio climático, lo pagarán la salud y la educación de los más pobres. La cifra de niños que no podrán asistir a la escuela se incrementará en 75 millones y la de personas que no podrán acceder al tratamiento contra el SIDA, en 8.600.000. Si no se suman 50.000 millones de dólares más al año al 0,7% de la AOD que los países ricos ya han prometido como ayuda, el progreso reciente hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) podría estancarse e incluso retroceder.

Se han dado grandes avances hacia los ODM desde su establecimiento en el 2000. En sólo 7 años, el 90% de los niños en los países pobres se han incorporado a la escuela. Entre 1999 y 2005 hubo un descenso del 24% en el número de personas viviendo en pobreza extrema, y entre 1900 y 2007 el número de muertes en niños menores de 5 años ha caído en picado hasta 3.600.000 personas, pese al aumento de la población.

A pesar de estos avances, los países pobres siguen luchando para alcanzar los ODM y todavía están lejos de muchos de ellos. Desviar dinero de la AOD para la adaptación al cambio climático pondría presión sobre un sistema que ya ha sido demasiado forzado. Por ejemplo, mientras que Zambia ahora dispone de sistema sanitario gratuito para toda la población que vive en zonas rurales y unas 149.000 personas están recibiendo tratamiento contra el SIDA, uno de cada seis niños todavía muere antes de cumplir los 5 años y el número de madres que mueren durante el embarazo y el parto sigue aumentando. Ghana ha eliminado las cuotas escolares para primaria, lo que ha supuesto que 1.200.000 niños más pueden asistir a la escuela. Sin embargo, casi la mitad de la población del país vive con menos de 1 dólar al día, y cuatro de cada diez hombres y mujeres de Ghana no saben ni leer ni escribir.

"Deben aumentarse los fondos - no desviarse- para ayudar a los países pobres a adaptarse al cambio climático y esto los políticos no pueden verlo como un acuerdo de dos por uno. Los países ricos no deben robar dinero a los hospitales y las escuelas de los pobres para financiar su deuda climática con el mundo en desarrollo", ha afirmado Ariane Arpa, directora general de Intermón Oxfam.

"Los líderes mundiales deben mostrar que no están satisfechos con mantenerse al margen y observar cómo se pierden los éxitos recientes en la lucha contra la pobreza, como por ejemplo el número de niños que asisten a la escuela, las madres que sobreviven al parto y los enfermos que reciben medicamentos que les salvan la vida", ha añadido.

Intermón Oxfam destaca el Fondo Global, establecido en el 2002 para luchar contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria, como un ejemplo de cómo la voluntad política a escala global puede movilizar dinero de manera rápida y efectiva. Hasta la fecha el Fondo Global ha aprobado financiación por valor de 15.600 millones de dólares en más de 140 países.

A imagen del Fondo Global, debe propiciarse que el fondo para la adaptación al cambio climático sea accesible de manera rápida, que esté gobernado de manera equitativa, gestionado según acuerdos simplificados y que sea transparente. En la actualidad no hay una única ruta para destinar el dinero para la adaptación. Un saco común que unifique la ayuda significa que es imposible determinar qué gobiernos han cumplido sus promesas y cuáles no. Hasta la fecha se ha entregado menos de la mitad del dinero que se ha prometido para la adaptación al cambio climático.

Los esfuerzos para ayudar a las comunidades a adaptarse al cambio climático han tenido éxito en proyectos de Oxfam Internacional en todo el mundo. En Char Atra en Bangladesh, donde las inundaciones crecientes han provocado que las personas pierdan sus casas y también sus vidas, el 70% de la población tiene ahora acceso a agua limpia durante las inundaciones, ha desaparecido la mortandad a causa de la diarrea y más de 100 hogares han sido reinstalados por encima del nivel del agua. De igual manera la inversión en pequeños agricultores, enseñándoles nuevas técnicas de cultivo, la introducción de semillas resistentes a la sequía y sistemas de irrigación efectivos ha ayudado a asegurar la comida incluso en épocas de sequía y de lluvia escasa. Con 20 millones de personas bajo la amenaza de la subida del nivel del mar, 26 millones de personas desplazadas como resultado directo del cambio climático y muchas que pueden pasar hambre o morir por culpa de las crisis climáticas, nunca ha sido más urgente para las ONG de desarrollo el doble reto de combatir la pobreza y paliar el cambio climático.

Más información en http://www.intermonoxfam.org/cortoycambio

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24 Septiembre 2009

Coalición Clima tiene 10 propuestas para Usted (Sr. Presidente)

Las organizaciones participantes en Coalición Clima consideramos que el Cambio Climático es uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad a corto plazo. Pero además, creemos que es uno de los que de manera más intensa amenaza las posibilidades de alcanzar un desarrollo humano y sostenible que permita erradicar la pobreza del planeta.

Nuestras demandas al Gobierno y a su Presidente son:

1.- Contribuir a la reducción de las emisiones globales de CO2.

2.- Reducir las emisiones nacionales de CO2.

3.- Ayudar a la adaptación al cambio climático de los más pobres.

4.- Comprometerse con un desarrollo con bajas emisiones de carbono.

5.- Promover el ahorro y la eficiencia energética.

6.- Promover un sistema basado en energías renovables.

7. Posibilitar elegir electricidad de origen renovable.

8.- Transporte y movilidad sostenible.

9.- Transición hacia el "empleo verde".

10.- Reducir la huella ecológica.

 

1.- Contribuir a la reducción de las emisiones globales de CO2. El consenso científico señala que es imprescindible mantener los incrementos de temperatura por debajo del "límite de seguridad" de 2º C respecto a los niveles preindustriales para evitar cambios climáticos rápidos, abruptos y no lineales que tendrían consecuencias desastrosas sobre la ecología, la economía y la sociedad. Para no superarlo, los niveles de emisiones globales deben comenzar a disminuir antes de 2015 y reducirse en más del 80% respecto a los niveles de 1990 en el 2050. Coalición Clima pide al Gobierno español que defienda en las negociaciones el establecimiento de límites de emisiones de gases de efecto invernadero obligatorios para los países industrializados, que permitan mediante medidas internas la reducción de las emisiones de al menos un 30% para 2020 y de un 80% para 2050, respecto de los niveles de 1990.

2.- Reducir las emisiones nacionales de CO2. Coalición Clima exige que se establezca para España objetivos concretos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, de obligado cumplimiento para el año 2020, que en ningún caso podrán suponer objetivos menos ambiciosos que los establecidos por el protocolo de Kyoto.

3.- Ayudar a la adaptación al cambio climático de los más pobres. Quienes menos responsabilidad tienen en las emisiones contaminantes son quienes más duramente están sufriendo las consecuencias presentes del cambio climático. Desde Coalición Clima pedimos que España defienda en los procesos de negociación la inclusión de las políticas de adaptación como un pilar fundamental de la acción contra el cambio climático.

4.- Comprometerse con un desarrollo con bajas emisiones de carbono. El primer paso es un cambio radical del modelo energético, dejando atrás las opciones obsoletas y contaminantes, y apostando decididamente por el ahorro, la eficiencia, las energías renovables y la equidad.

5.- Promover el ahorro y la eficiencia energética. Coalición Clima propone una Ley de Ahorro y Eficiencia energética que contemple un compromiso de reducción mínima de energía primaria del 20% en 2020 con respecto a 2005.

6.- Promover un sistema basado en energías renovables. Coalición Clima considera que los combustibles fósiles son la causa principal del cambio climático y junto con la energía nuclear suponen el mayor obstáculo para el desarrollo de un modelo energético sostenible. Coalición Clima pide al Gobierno que en la planificación energética contemple el objetivo de que las energías renovables cubran el 50% de la producción de electricidad en 2020 y el 100% en 2050.

7. Posibilitar elegir electricidad de origen renovable. Para que sean competitivas es imprescindible la internalización de todos los costes ambientales en el precio de la energía, eliminando las subvenciones al carbón que todavía existen, o la no internalización de costes de la energía nuclear.

8.- Transporte y movilidad sostenible. Las emisiones del transporte han aumentado un 97% en 2007 respecto de 1990. Es imprescindible que nuestra movilidad cotidiana deje de estar basada en el vehículo particular. Para ello son necesarios cambios en el modelo de ordenación territorial y urbanismo que se ha venido desarrollando en los últimos años. Coalición Clima pide al gobierno una ley de movilidad sostenible.

9.- Transición hacia el "empleo verde". Las medidas de reducción de emisiones suponen importantes y nuevas oportunidades de empleo más cualificado en algunos sectores -energías renovables- que deben potenciarse. La lucha contra el cambio climático también puede significar pérdidas de empleo en otros sectores industriales que deban reestructurarse. Para estos sectores pedimos que se impulsen medidas de "transición justa". Estas medidas deberían adoptarse también para paliar los efectos negativos que el Cambio Climático puede tener en el empleo de diversos sectores productivos (agricultura, turismo, pesca...) y en zonas especialmente vulnerables al mismo.

10.- Reducir la huella ecológica. Un mundo con límites a las emisiones de carbono requiere de quienes vivimos más allá de nuestras posibilidades ecológicas, consumir menos y de otra manera, lo que, además, se traduciría en una mejora de nuestra calidad de vida y bienestar. Hay que romper la ilusión de que al bienestar se accede con un nivel de consumo siempre creciente de bienes y servicios y proponer una mayor responsabilidad medioambiental y social en todos los ámbitos de consumo.

Coalición Clima

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23 Septiembre 2009

Oxfam Internacional alerta de que la oferta de Europa contra el cambio climático robaría a los países pobres los hospitales y las escuelas del futuro

La ONG para el desarrollo Oxfam Internacional, Intermón Oxfam en España, ha alertado de que la oferta de Europa para combatir el cambio climático busca desviar dinero ya comprometido para invertir en educación y salud en los países pobres.

La Comisión Europea ha hecho público su informe sobre la financiación del cambio climático de cara a la cumbre de Copenhague en diciembre.

Elise Ford,  responsable de la oficina de Oxfam Internacional frente a la UE, ha afirmado:  "Nos alegramos de las intenciones de la Comisión Europea de superar el punto muerto en las negociaciones globales sobre el cambio climático dando el primer paso. Poner las cifras de la financiación del cambio climático sobre la mesa es un primer paso necesario para iniciar unas negociaciones que tengan sentido" 

"Sin embargo, la Comisión Europea propone que los países ricos cojan dinero ya comprometido para aumentar la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) hasta el 0,7%. Si se da este dinero a los países en desarrollo para que combatan el cambio climático hoy, esto les robaría sus hospitales y escuelas de mañana. Esto minará el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM)."

 "Esto es escandaloso, si tenemos en cuenta especialmente la responsabilidad de Europa como uno de los mayores contaminantes del mundo que ha causado el problema, y la responsabilidad que tienen para solucionarlo. Depende ahora de los países miembros de la UE de hacer una propuesta más arriesgada en la Cumbre Europea del 17 de septiembre para ayudarnos a conseguir un buen acuerdo climático, que no sea a costa del desarrollo futuro de los países pobres, que ya están siendo afectados por el calentamiento global." 

"La financiación para ayudar a los países en desarrollo a combatir el cambio climático debe ser adicional a la AOD, y no la una en vez de la otra." William Chadza, Director Ejecutivo de Centre for Environmental Policy and Advocacy (CEPA) de Malawi, ha afirmado: "Tenemos que considerar la oferta máxima de Europa de 50.000 millones de euros como una táctica en la apertura de las negociaciones, lo que podría significar un buen pistoletazo de salida. Sin embargo, la necesidad real de los países en desarrollo para combatir los impactos del calentamiento global y desarrollar sus propios futuros de bajo consumo de carbono será mucho más alta que esta cantidad. El mundo rico necesitará hacer mucho más para que realmente noten la diferencia los países pobres que están sufriendo el cambio climático."

Oxfam Internacional

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22 Septiembre 2009

Hambre para rato

Los agricultores africanos necesitan semillas y fertilizantes, pero también Gobiernos que funcionen

El hambre en el mundo tiene una muy sencilla solución. Simplemente se requiere dar dinero a los agricultores de los países pobres para que puedan adquirir semillas, fertilizantes y maquinaria con las que producir más alimentos. Una vez solucionados los problemas urgentes (el hambre y la malnutrición), los ingresos derivados de los excedentes que sin duda se producirían servirían para que las familias pobres pudieran enviar a los niños a la escuela, ir al médico cuando fuera necesario y tener acceso a agua potable. Lograr que la población esté bien nutrida, sana y educada es tan sencillo como eso.

El problema es que no hay voluntad política: mientras los países ricos, henchidos de egoísmo, se resistan a dar el dinero necesario, las cosas seguirán así. Por eso, la presión popular, canalizada por medio de cantantes famosos y otros activistas, es importante. Gracias a este tipo de iniciativas, los países ricos se están comenzando a rascar el bolsillo: en la última cumbre del G-8 celebrada en L'Aquila se comprometieron a donar 20.000 millones de dólares para las pequeñas explotaciones agrícolas de los países más pobres.

El plan consiste en centralizar todos los fondos en una única institución internacional y pedir a los Gobiernos que presenten planes describiendo cómo utilizarían la ayuda. A continuación, un grupo de expertos examinaría los planes y concedería las ayudas basándose en criterios científico-técnicos. Posteriormente se llevaría a cabo una auditoria para determinar el empleo e impacto de los fondos. Como resume uno de los defensores del plan, el economista Jeffrey Sachs: "este método es sencillo, eficiente, responsable y científicamente sólido" (Oportunidad para el pequeño agricultor, EL PAÍS, 23 de agosto de 2009).

Pero a decir de muchos, esta visión del desarrollo como un mero transvase de fondos desde donde los hay a donde no los hay ejemplifica perfectamente por qué décadas de ayuda han conseguido tan escasos resultados. Hasta fechas recientes, la crítica a estas políticas de ayuda provenía de algunos economistas polémicos como William Easterly (véase La Carga del Hombre Blanco), que sostenían que el desarrollo no podía imponerse de arriba abajo (es decir, desde fuera) sino que sólo se produciría si tenía lugar de abajo arriba (es decir, desde dentro). Que un economista varón, blanco, estadounidense y de Harvard se mostrara escéptico no dejaba de resultar previsible. Pero que una mujer zambiana, Dambisa Moyo, se sumara al coro de voces que piden revisar a fondo la concepción subyacente en las políticas del desarrollo ha resultado difícil de ignorar. Su libro Muerte a la ayuda, aunque algo extremo al afirmar que la ayuda no sólo es inútil sino que en realidad está contribuyendo a agravar los problemas de África, ha tenido la gran virtud de hacer inevitable un debate en un momento en que la comunidad de donantes sufre fatiga y la opinión pública se halla confundida, cuando no mareada, por el contraste entre, por un lado, las cifras que manejan las cumbres internacionales y el dramatismo de la retórica que destilan y, por otro, una realidad tozuda a la hora de producir resultados.

Easterly, Moyo y otros critican a las organizaciones de ayuda internacional como burocracias ineficientes y, en particular, muestran su extrañeza de que reputados economistas confíen en que los planes quinquenales y el tipo de planificación centralizada que jamás aplicarían en sus propias sociedades vayan a funcionar en otros países. Advierten, también, de que los Gobiernos de muchos de estos países, incompetentes técnicamente cuando no corruptos políticamente, son el problema, no la solución a la pobreza y el hambre. Pensar que los Gobiernos de estos países, donde el Estado es frágil cuando no inexistente, están capacitados para elaborar e implantar este tipo de planes es ilusorio, concluyen.

Se trata de observaciones que merece la pena discutir y que hacen recordar la sorpresa que se lleva el genial Ryszard Kapuscinski en su impactante libro sobre Etiopía (El Emperador) cuando las autoridades del país se extrañan de la obsesión internacional con el hambre en su país y se niegan a abrir los silos de grano estatales argumentando que "en este país siempre ha habido hambre".

Acabar con la pobreza no está tan al alcance de nuestra mano como quisiéramos. Si algo demuestra la persistencia del hambre en el mundo es que los grandes problemas no tienen soluciones sencillas y que la pobreza es algo más que la ausencia de dinero. Los agricultores africanos necesitan semillas y fertilizantes, sí, pero también una administración pública que funcione, un mercado nacional, carreteras, un sistema financiero, tribunales, conocimientos técnicos y un largo etcétera de cosas que no son fáciles de comprar, ni siquiera con dinero.

José Ignacio Torreblanca

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21 Septiembre 2009

¡Haz tanto ruido como te sea posible en Madrid!

El 21 de septiembre, a las 12.18 horas del mediodía, acércate a la Puerta del Sol a hacer ruido. Lleva tu despertador, tu móvil, una alarma o una cacerola. Todo vale. Se trata de hacer tanto ruido como sea posible para despertar a los líderes políticos. Queremos que, en la próxima Conferencia de la ONU en Copenhague, cierren un acuerdo global sobre cambio climático justo y eficaz.  Esta movilización se celebrará simultáneamente en todo el mundo: más de 350 eventos en 54 países de los 5 continentes.

Intermón Oxfam, como miembro de la plataforma ciudadana Coalición Clima, os invita a formar parte de esta acción. La convocatoria tendrá a las 12.18 horas porque el 18 de diciembre (12º mes) es el día previsto para cerrar el nuevo acuerdo que sustituirá al Protocolo de Kyoto a partir de 2012.

Fecha: lunes, 21 de septiembre.
Hora: 12.18 horas (mediodía).
Lugar: Puerta del Sol, Madrid.

[Más información sobre la campaña]

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18 Septiembre 2009

Los tomates ya no saben a nada

Los productos de la agricultura intensiva tienen similares nutrientes a los ecológicos, pero han perdido el buen gusto

Las huertas de los pueblos han sucumbido ante hileras de adosados

Los tomates que comemos la mayoría del año saben a lo mismo que huelen las nubes. O esa lechuga, envuelta en plástico para no desmerecer lo que va dentro. En los países más avanzados se come a la carta todo el año, incluso hay quien presume de llevar una dieta saludable porque la basa en verduras, frutas, legumbres. Pero, con la pérdida del sabor, ¿no se habrán ido también los nutrientes?

Muchos estudios han entrado a esclarecer esta cuestión, el último reseñable publicado hace unos días en el Reino Unido, por la Agencia de Seguridad Alimentaria (FSA, en sus siglas inglesas), cuya primera conclusión ha levantado polvareda en el sector de la agricultura ecológica: sostiene que no hay diferencias significativas entre los alimentos orgánicos (ecológicos) y los de la agricultura convencional. Estos últimos son los que se ven en cualquier mercado urbano, procedentes de explotaciones agrícolas intensivas, con su calendario fitosanitario en orden. Un modelo productivo y comercial que permite comer tomates todo el año, por ejemplo.

Incluso los ecologistas pueden admitir que dos naranjas, una convencional y otra ecológica podrían tener similares nutrientes, pero se quejan de estos estudios porque, dicen, soslayan el debate principal para la salud: los residuos químicos presentes en los alimentos que han sido tratados con fitosanitarios; y otras dos cuestiones clave para el medio ambiente: el uso abusivo que esquilma los suelos fértiles y los transportes a grandes distancias.

María Dolores Raigón es catedrática de Edafología y Química Agrícola en la Universidad Politécnica de Valencia. Sus estudios comenzaron hace años analizando los suelos de la huerta valenciana. "Observamos que habían perdido muchos nutrientes y pensamos que, por lógica, las frutas y verduras podrían estar sufriéndolo también". Tras algunas investigaciones científicas, afirma que hay diferencias entre unos productos y otros, "en el potasio, el hierro, el calcio, las vitaminas".

Pero las mayores diferencias, asegura, se encuentran en las sustancias antioxidantes, "sobre todo en los polifenoles". No se trata de nutrientes, pero estos elementos "son más que recomendables para la salud". La planta genera polifenoles como un mecanismo de defensa, cuando se ve sometida a cierto estrés, falta de agua en algún momento, por ejemplo, "o un simple insecto que merodee por allí". Pero si esa misma planta se cría como flor de invernadero, con todos los cuidados, no desarrolla defensas y, por tanto, ni hablar de polifenoles, que son los que contribuyen a "retrasar el proceso de oxidación y prevenir enfermedades".

¿Están de acuerdo con eso en Monsanto, una gran multinacional puntera en biotecnología agrícola? "Cualquier estrés en la planta influye en los niveles de producción y en su desarrollo y necesitamos producir alimentos para una población creciente", afirma el director de Biotecnología para España y Portugal de esta empresa, Carlos Vicente. Y no entra en los polifenoles. Hay hambre, viene a decir, y eso es prioritario.

Entre paliar el hambre y comer insípidos pepinos en noviembre debe haber un punto intermedio. ¿Es necesario que las hortalizas no sepan a nada?

Hace 10.000 años, cuando el hombre abandonó su nomadismo recolector y pasó a vivir de la agricultura, dio inicio la domesticación de las plantas. Su selección, a ojo de buen cubero, apartando los mejores higos, las calabazas más gordas y las espigas más vistosas, ha supuesto una enorme manipulación genética natural que ha conseguido, por ejemplo, que ciertas hortalizas se desprendan de su lado más amargo o incluso venenoso. Hasta hoy. Pero en todos esos siglos, las frutas no perdieron su sabor. ¿Qué ha pasado en las últimas décadas?

En la respuesta a este interrogante coinciden todos. Un enorme cambio social ha propiciado este descalabro del buen gusto. La población que antes fue rural crece ahora en las ciudades y ya no hay huertas en los pueblos ni gente que se dedique a ellas. Las explotaciones son intensivas, destinadas a una producción de alta eficacia que satisfaga cientos de bocas que quieren comer a la carta. Eso, en los países desarrollados. "La gente tiene derecho a elegir. La intensificación nos ha permitido tener lo que necesitamos", dice Carlos Vicente, de Monsanto.

Sin embargo, los ecologistas, aun compartiendo el diagnóstico social, abogan por cambiar los hábitos de consumo y ponen la mirada en una producción más local y de temporada con la que, dicen, se ganará en sabor y en salud. "Los nutrientes básicos sufren con el tiempo. Antes llegaban los productos de la huerta al mercado más cercano en poco tiempo, con una maduración completa, para ser consumidos de inmediato", dice Jorge Hernández, asesor de Alimentación en el Departamento de Consumo del Gobierno de Aragón y presidente del Centro de Estudios Rurales y Agricultura Internacional (Cerai).

"La recolección prematura, para que el fruto llegue presentable a los mercados después de un largo transporte interrumpe el ciclo de la planta; lo que no haya sintetizado en el suelo ya no lo hará", explica María Dolores Raigón. A eso hay que añadir las cámaras frigoríficas para prolongar la comercialización. "Las vitaminas no se sintetizan en las cámaras", asegura la científica. Junto a esa recolección prematura, Raigón cita otros dos factores que, a su juicio, influyen en la pérdida de nutrientes: la sustitución de variedades locales por otras y la pérdida del suelo, por agotamiento o porque las huertas han sucumbido ante hileras de adosados. "Y esas huertas en terreno llano, en el mismo sitio en que se ubicaban las poblaciones, eran las más fértiles, porque allí quedaba depositado lo mejor de las erosiones", añade Raigón. "Si un suelo carece de un mineral, por más fertilizante que se le añada, el equilibrio está roto, nunca será el mismo para la planta. Y no hay alimentos de calidad sin suelos de calidad", no se cansa de decir la catedrática.

Pero, todo lo que tiene que ver con lo sostenible y lo ecológico, presenta muchos vértices a los que atender. "Con la agricultura ecológica la producción puede ser entre un 25% y un 50% menor que con la convencional. Y todo dependerá del estiércol vegetal. Cuántas vacas se necesitan para abonar eso. Y cuántas hectáreas para dar de comer a esas vacas", plantea Carlos Vicente. Y recuerda lo que para él son las tres patas de una producción local y sostenible: que sea comercial, no sólo de subsistencia; que proporcione dinero, por tanto, maquinaria, tecnología y bienestar social; y que utilice la menor superficie posible para la mayor recolección. "No podemos meternos en la selva".

Pero se van a meter si siguen ese modelo de producción "especulador y exportador", responde Juan Felipe Carrasco, portavoz de Agricultura de Greenpeace en España. A cambio, propone un sistema productivo de "paz y justicia" que, traducido a términos agrícolas, propugna una reducción del petróleo, tanto para el transporte como en combustible para maquinaria, y un cuidado de los suelos que los "mantenga vivos, por tanto, absorbiendo carbono, para contribuir a frenar el cambio climático". "Cerca de un 33% de las emisiones de gases de efecto invernadero proviene del modelo agrícola convencional, aunque en estos datos está incluida la deforestación para obtener más suelo", reconoce Carrasco.

Greenpeace quiere desmontar la idea extendida de que la agricultura ecológica es menos productiva: "Eso hay que medirlo por unidad de energía consumida, y, visto así, la agricultura convencional no produce más". También abogan por cambiar el modo de consumir occidental que, dicen, está arrasando la economía de los países más pobres: "Argentina se muere de hambre para que nosotros comamos el pollo más barato. Comemos demasiada carne, y la importamos de países que gastan 10 kilos de cereal por cada kilo de carne, cereal que necesitan para comer", afirma.

En la otra orilla, Monsanto esgrime los datos de la FAO, que sostiene que la producción agrícola debe incrementarse un 70% par cubrir el aumento de población en 2050. Unos 1.000 millones de toneladas de cereal y 200, de carne.

Greenpeace contraataca: "Existe alimento suficiente para 10.000 millones de personas si se cambia el modelo de consumo. No podemos seguir comiendo tanta carne, leche y huevos. Producir más es destruir más selva", explica Juan Felipe Carrasco.

Para seguir este patrón de consumo, occidente debería, quizá, olvidarse de comer tomates de enero a diciembre y volver a una alimentación de temporada. "¿Por qué vamos a perder la posibilidad de comer pepinos todo el año? Nuestra alimentación no estará tan mal cuando somos los más longevos del mundo", dice Carlos Vicente, de Monsanto.

Es cierto, pero la mitad del año, los tomates no saben a nada.

Carmen Morán en El País.

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17 Septiembre 2009

La crisis aumenta la esclavitud

Más de 12 millones de personas sufren trabajos forzosos por impago de deudas

Se calcula que en el mundo hay 218 millones de niños trabajando

"Nací siendo esclavo. Mi padre estaba endeudado con el dueño de una mina y forzaban a toda mi familia a trabajar 16 horas diarias con poca comida y bebiendo agua de los charcos que formaba la lluvia". Es la historia de Lakshman Singh, un hombre que pasó sus 14 primeros años de vida sin saber que existía un mundo más allá de la cantera en la que estaba atrapado, a 40 kilómetros de Nueva Delhi, la capital de India. Toda la familia -los padres, tres hijos y un tío- estaban sometidos a trabajos forzosos por una deuda equivalente a 300 euros actuales.

En India hay millones de personas atrapadas en esta servidumbre por deudas, considerada una forma de esclavitud moderna. Aunque las cifras varían mucho, la Organización Mundial del Trabajo (OIT), estima que el 77% de los sirvientes por deudas en el mundo están en Asia y en el Pacífico: 9.5 millones de los 12.3 millones totales, según los últimos datos de 2005, que la propia OIT reconoce que deben ser actualizados. Las ONG aseguran que podría haber muchos más esclavos en el mundo, "nuestras estimaciones conservadoras indican que hay ahora 27 millones, más que nunca en la historia de la humanidad", según un portavoz Free The Slaves, con sede en EE UU.

El informe de la OIT de este año, El coste de la coacción, publicado el pasado mayo, dice que las víctimas trabajo forzoso en el mundo -excluyendo la explotación sexual- pierden unos 14.000 millones de euros en salarios no recibidos. Con la crisis económica y financiera actual, la esclavitud podría crecer, temen los especialistas. "Si no se toman medidas inmediatas para aumentar la seguridad para los trabajadores vulnerables, especialmente los que migran, hay un gran riesgo de que más personas caigan en esta situación", declara en una entrevista telefónica Roger Plant, al frente del programa especial de la OIT contra el trabajo forzoso. Entre los grupos más vulnerables están los niños, dice. Hasta el 50% de los que son explotados podrían ser menores.

"La crisis afecta a los países en desarrollo por la caída del comercio, precios de materias primas a la baja, menor acceso a crédito, menor envío de dinero por familiares en el extranjero, menor ayuda exterior. Unos países serán más afectados que otros y en cada uno la situación será diferente, pero, en general, habrá mayor vulnerabilidad. Las familias, por ejemplo, no llevarán a los niños al colegio y los enviarán a trabajar, con el riesgo de que caigan en manos de traficantes o formas de explotación laboral", explica Hans van de Glind, experto en tráfico infantil de la OIT.

"No sabemos cómo repercutirá la crisis en cifras", dice Peter Schatzer, director de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en el Mediterráneo, "pero ya está afectando". Con un control más estricto de las fronteras se prevé que se encarezcan los precios que las redes cobran a los inmigrantes irregulares y que haya más riesgo de tráfico humano. En India, el país más afectado, la esclavitud responde a un cóctel de factores, entre ellos la pobreza, la falta de educación y de conocimiento de los derechos, pero, sobre todo, la discriminación está arraigada en el sistema de castas, coinciden los expertos. El 86% de los esclavos pertenece a los dalits (antes llamados intocables), según el Frente para la Liberación de Servidumbre por Deudas. "Las castas altas se aprovechan económicamente de la creencia de que algunos nacieron para ser explotados, mientras que las víctimas creen que es su karma, que deben pagar algo que hicieron en otra vida", explica Kailash Satyarthi, fundador de Bachpan Bachao Andolan (BBA), una ONG que se dedica a liberar niños esclavos.

Según sus estimaciones hay unos 25 millones de esclavos sólo en India. Prácticamente todos los que viven en estas condiciones fueron víctimas del tráfico humano o adquirieron deudas con sus patrones o las han heredado de sus padres. Los trabajadores más pobres toman un préstamo adelantado de su patrón por alguna herramienta de trabajo o para comprar medicinas, comida o ropa. Luego los sueldos son tan bajos y los intereses tan altos que caen en una espiral de endeudamiento. "Los empleadores enmascaran una práctica fraudulenta en la que el trabajador deja de tener control y se siente atrapado y sin posibilidad de reclamar sus derechos. Muchas veces sufre también amenazas físicas o psicológicas", explica, desde Londres, Enrique Restoy, de la ONG Anti Slavery Internacional. En algunos casos las deudas pueden pasar de generación en generación.

¿Qué se puede hacer para terminar con este círculo vicioso? Los expertos coinciden en que es necesario el pago de salarios mínimos que garanticen una vida digna y la educación en contra de la discriminación y para conocer los derechos. "Se deben dar alternativas de crédito independientes", agrega Coen Kompier, especialista de la OIT.

En India la situación ha mejorado, pero es difícil avanzar más rápido porque el Gobierno no acepta hablar del sistema de castas y otros países no quieren presionar porque son sus aliados y lo consideran un país democrático, prooccidental, explica Restoy. En África, añade, la esclavitud tiene o bien carácter tradicional en países como Mauritania, Niger, Chad o Sudán, o se centra en los niños, por su número o por su vulnerabilidad, "pero no se puede descartar que la esclavitud por deudas no se dé, por ejemplo, en determinadas etnias indígenas marginadas".

Se calcula que en el mundo hay 218 millones de niños trabajando de una manera u otra. El 26%, en Africa. No se sabe cuántos de ellos están sometidos a trabajos forzosos, aunque se han identificado sectores que usan niños como esclavos: minería, agricultura y pesca. La OIM ha liberado desde 2002 a 618 niños que trabajaban forzadamente para comunidades pesqueras del Lago Volta, en Ghana. En el caso de algunas niñas la explotación es doble: como esclavas sexuales y como criadas.

Permiso del amo hasta para casarse 

Boubacar Messaoud nació esclavo, hace 64 años, en Mauritania: "Soy hijo de esclavos y la esclavitud hubiera sido mi sino, pero tuve suerte. El director francés de la escuela del pueblo me vio llorando en la valla de entrada y avergonzó a mi amo por no dejarme ir a clase. Yo tenía siete años". Messaoud sigue hablando de amos, porque en Mauritania, "aun a pesar de mis éxitos [fue el primero en su familia en recibir educación, ir a la Universidad, estudiar en el extranjero y ser arquitecto], sigo siendo, a ojos de muchos, un esclavo".

Los esclavos mauritanos se originaron hace siglos, descendientes de africanos negros capturados por los moros, árabes bereberes, "que dieron su nombre al país y todavía lo dominan". Se calcula que un quinto de la población mauritana, más de medio millón de personas, son esclavos "a los que se prohíbe la educación, tener tierras o heredarlas. Tienen que pedir permiso a sus amos para casarse. Éstos tienen derecho a regalar a sus hijos. Trabajan sin salario, en el pastoreo, en la agricultura. Para las mujeres es peor. Trabajan más. Son las primeras en levantarse y las últimas en ir a dormir. Frecuentemente son golpeadas o violadas", dice Messaoud.

Los esclavos tuvieron un cierto respiro con la llegada al Gobierno en 2007 del primer presidente elegido democráticamente, Sidi Mohammed Ould Sheikh Abdallahi, que criminalizó la esclavitud (aunque no envió a nadie a la cárcel), pero las esperanzas se frustraron con el golpe de Estado militar del pasado mes de agosto. Messaoud organizó SOS Esclaves en 1995, junto con el hijo de un ex ministro, anterior propietario de esclavos. Desde entonces, ha estado en prisión tres veces. En mayo pasado recibió un premio de la organización Anti Slavery International por su lucha contra esta lacra.

Ana G. Rojas y Lali Cambra para El País

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16 Septiembre 2009

Sur Sudán: la vuelta al cole en una escuela de ladrillo

Hasta este año, la escuela Pamaikong Primary School de la ciudad de Lobone (Sur de Sudán) estaba edificada con bambú, paja y algunas cubiertas de adobe. A partir de ahora, sus más de 600 chicos y chicas de Educación Primaria podrán retomar las clases en un colegio de ladrillo, con pupitres y pizarras nuevas.

"Toda la comunidad ha participado en la preparación de la inauguración del centro. Llevan semanas despejando el terreno de hierbas y arbustos y preparando bailes y canciones", comenta Alistair Davies, técnico de Entreculturas en Sur Sudán.

 

 

La puesta en marcha de este nuevo centro educativo forma parte del Convenio de Cooperación que Entreculturas está implementando en la zona. Gracias al apoyo de Inditex, el JRS -principal socio local de Entreculturas en África- ha podido levantar esta infraestructura que, sin duda, contribuirá a mejorar la calidad de la educación de los niños y niñas de Lobone.

Pamaikong Primary School es la primera escuela permanente de Educación Primaria de toda la comarca. El resto son de paja, barro y bambú. El JRS ha liderado la construcción del colegio, pero será el Gobierno quien asuma la gestión del mismo, convirtiéndose así en una escuela pública. 

En la inauguración estuvieron presentes varios delegados del gobierno sudanés y representantes del Ministerio de Educación del gobierno de Sur Sudan, además del propio Director del JRS-África del Este y, de parte de Entreculturas, Alistair Davies.

"El trabajo del equipo del JRS en Lobone es increíble. Tienen un gran respeto y reconocimiento por parte de la comunidad y del Gobierno, tanto que a la entrada de Sudan, cuando cruzas la frontera desde Uganda, hay un cartel que dice `Welcome to Sudan, the home of the JRS supported education program´, [bienvenido a Sudán, el hogar del programa educativo del JRS]", afirma Isabel Menchero, técnica de proyectos en África de Entreculturas.

Sudán: se triplican los niveles de asistencia escolar

El pasado mes de julio, la agencia de la ONU para la infancia (UNICEF) anunció que los niveles de matriculación escolar se habían triplicado en Sudán desde el acuerdo de paz de 2005. Según los autores del informe, Barreras socio-económicas y culturales a la escolarización en el Sur de Sudán (2008), sólo el 20% de los niños acudían a la escuela durante la guerra y sólo un 1% de las niñas acababan la escuela primaria. Tras la puesta en marcha de la iniciativa 'Ir a la Escuela' en 2006, la matriculación ha pasado de los 343.000 en tiempos de guerra a más de 1,3 millones a finales de 2007. Los datos del informe fueron recogidos entre agosto y octubre de 2008.

Sin embargo, los índices para las chicas siguen muy por debajo de la de los chicos. El bajo nivel de matriculación femenina se atribuyó a valores socioculturales, normas y prácticas, agravadas por las dificultades. En algunas comunidades, los chicos abandonaban la escuela porque tenían que vigilar el ganado o ir a pescar, apuntó el estudio, mientras que, en algunas escuelas, las chicas sufrían acoso sexual, embarazos precoces y violencia entre compañeros.

La región tiene el nivel de matriculación más bajo del mundo, está en el vagón de cola respecto al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. A las escuelas aún les faltan saneamientos adecuados y otras instalaciones, así como maestros formados.


La significativa contribución del JRS

En 2008, el JRS ofreció servicios educativos a más de 40.000 estudiantes, maestros y padres en 78 escuelas de primaria y 16 de secundaria en tres condados fronterizos del sur de Sudán. Los equipos distribuyeron, entre otros, materiales educativos, apoyaron a las asociaciones de padres y maestros y se encargaron de la formación de maestros.

En los últimos 18 meses, unos 240 maestros han recibido formación del JRS y otros 232 han recibido apoyo para acudir a centros de formación de maestros. En ciertas áreas, el JRS es uno de los principales ofertantes de los servicios educativos. Por ejemplo, en el condado fronterizo de Kajo Keji, desde 2001, tres cuartas partes de los maestros han recibido formación del JRS.

Además, este año, el JRS ofreció un curso intensivo de dos semanas para 150 estudiantes de secundaria a fin de prepararlos para los exámenes en la vecina Uganda. Seis maestros, seleccionados en base a sus calificaciones, experiencia y reputación, ofrecieron clases intensivas de inglés, matemáticas, física, química, biología y geografía. El curso es primordialmente para los estudiantes de las escuelas apoyadas por el JRS, aunque se admitió también a estudiantes de otras escuelas.

Entreculturas

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Alguien me dijo una vez que, para hacer un buen caldo, hacía falta evaporación. Parece ser que para construir algo importante no es suficiente con la voluntad de muchos, sino que es necesaria la gran determinación de unos pocos. Pocos pero decididos, pocos pero comprometidos. ¿Qué es lo que buscamos? ¿Cómo vamos a afrontarlo? Te animo a descubrirlo juntos.

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